Adecuación del ambiente natural:

la contaminación

Durante gran parte de la historia, el ser humano ha actuado sobre el medio natural sin ser plenamente consciente de las consecuencias. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando comenzó a consolidarse una verdadera conciencia ambiental.

La contaminación puede definirse como el conjunto de factores derivados de nuestra actividad que afectan negativamente a la salud y al entorno. En arquitectura, esta problemática está directamente relacionada con los materiales, los procesos constructivos, el uso del edificio y, en algunos casos, su demolición.

El principal impacto se produce a través de las emisiones de CO₂, así como de gases, partículas y radiaciones que deterioran la calidad del aire.

A diferencia de otros agentes naturales, el cuerpo humano no posee mecanismos de defensa frente a muchos contaminantes artificiales, por lo que la arquitectura se convierte en una herramienta fundamental de protección.

Un ejemplo claro es el síndrome del edificio enfermo, provocado por una mala calidad del aire interior. La falta de ventilación hace que el aire se recircule y se cargue progresivamente de CO₂, compuestos orgánicos volátiles, partículas y microorganismos procedentes de materiales, textiles, moquetas o instalaciones.

Para evitarlo, es imprescindible garantizar la renovación del aire mediante ventilación natural, mecánica o híbrida, así como sistemas de extracción en baños y cocinas. Todos estos aspectos están regulados en el CTE DB HS (Salubridad), que establece criterios para proteger la salud de los usuarios.

La contaminación arquitectónica también afecta a la envolvente interior. Por ello, es importante emplear materiales fácilmente limpiables, con menor porosidad y menor capacidad de acumular suciedad. Además, surgen soluciones innovadoras como el hormigón fotocatalítico, capaz de contribuir a la reducción de la contaminación atmosférica mediante procesos químicos activados por la luz solar.

Hoy, la arquitectura deja de ser un elemento pasivo y se convierte en un agente activo de mejora ambiental, donde cada elección material y constructiva influye directamente en la salud de las personas y en la calidad del entorno.

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La arquitectura también respira. Observa qué aire genera cada espacio

 

  • ¿Qué tipo de aire produce este edificio para quienes lo habitan?

  • ¿Cuánta contaminación se esconde en los materiales que no vemos?

  • ¿Puede una pared protegernos de lo invisible?

  • ¿Qué impacto tiene cada elección constructiva en la salud humana?

  • ¿Respira este espacio o se encierra en sí mismo?

  • ¿Puede un edificio enfermar a quienes lo ocupan?

  • ¿Qué relación existe entre ventilación, higiene y arquitectura?

  • ¿Es la tecnología suficiente para compensar un mal diseño?

  • ¿Qué materiales limpian y cuáles contaminan el ambiente interior?

  • ¿Podemos construir sin dejar huella en el aire?