
La adecuacion acústica:
el ruido
El ruido es una de las formas de contaminación más presentes en la vida cotidiana y, sin embargo, una de las menos visibles. En arquitectura, su control es fundamental para garantizar el confort, la salud y la calidad del espacio habitable.
La percepción del sonido no depende únicamente de su intensidad, sino también de factores culturales, sociales y emocionales: la actividad que se realiza, el grado de privacidad o el tipo de ruido (continuo o intermitente, con o sin información). Un mismo sonido puede ser molesto en una biblioteca y casi imperceptible en un concierto.

Desde el punto de vista físico, el sonido es una vibración del aire producida por ondas sonoras. Se mide en decibelios (dB) y se caracteriza por su frecuencia o tono (grave o agudo). El oído humano percibe sonidos entre los 20 y los 20.000 Hz, y a partir de ciertos niveles de intensidad pueden producirse daños irreversibles. Por ello, la arquitectura debe buscar siempre minimizar la intensidad sonora en los espacios interiores.
Según su origen, se distinguen dos tipos principales de ruido:
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Ruido aéreo, que se propaga por el aire (voces, música, tráfico).
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Ruido estructural, que se transmite por vibraciones a través de los elementos del edificio (maquinaria, pasos, impactos).
Para reducir el ruido estructural se emplean soluciones como cortes elásticos, losas flotantes o apoyos amortiguados, que impiden que las vibraciones se transmitan a la estructura.

Otro fenómeno clave es la reverberación, producida cuando el sonido rebota en superficies duras. Materiales no porosos como el vidrio o la piedra pulida reflejan el sonido, mientras que los materiales porosos y textiles lo absorben. La geometría del espacio también influye: auditorios y salas de conciertos se diseñan para distribuir el sonido de forma homogénea.
El coeficiente de absorción acústica mide cuánta energía sonora absorbe un material. A mayor absorción, menor reverberación. El tiempo de reverberación indica cuánto tarda un sonido en desaparecer, y es un parámetro esencial en el diseño de espacios públicos.

Para mejorar el aislamiento acústico se utilizan soluciones constructivas como paredes dobles con cámara, suelos blandos, falsos techos, textiles, bajantes protegidas o pantallas acústicas. También es fundamental cuidar puntos críticos como juntas, ranuras y carpinterías, por donde el ruido puede infiltrarse fácilmente.
Todos estos aspectos se regulan en el CTE DB HR (Protección frente al ruido), que establece los niveles máximos de transmisión sonora permitidos en los edificios, con exigencias que varían según el país y el tipo de uso.
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