
Seguridad de accesibilidad y fuego
La seguridad en la arquitectura no se limita a la resistencia de los materiales: se centra, ante todo, en la protección de las personas. Por ello, los conceptos de accesibilidad y seguridad frente al fuego están regulados en el CTE DB SUA y el CTE DB SI, respectivamente.
La accesibilidad busca garantizar la integridad del usuario en función del tipo de personas que utilizan el edificio. Los principales riesgos se derivan del uso incorrecto o fallo de instalaciones y de los desplazamientos de las personas dentro del espacio.

Los fallos en instalaciones como calefacción, agua caliente sanitaria o electricidad pueden provocar quemaduras, electrocuciones o acumulaciones de gases peligrosos. En cuanto a los desplazamientos, elementos como ascensores, rampas, escaleras y escaleras mecánicas deben cumplir estrictamente la normativa para evitar accidentes.
La mayoría de los problemas de accesibilidad están relacionados con caídas, ya sea en desplazamientos a nivel (por pavimentos inadecuados, obstáculos o falta de iluminación) o en cambios de altura. El diseño correcto de escalones, pendientes, barandillas, protecciones y superficies antideslizantes resulta esencial. Incluso aspectos aparentemente simples, como la cantidad de peldaños o la continuidad visual del recorrido, influyen directamente en la seguridad del usuario.

También deben considerarse otros riesgos asociados al uso de los edificios: altas concentraciones de personas, accidentes en piscinas, vehículos en movimiento en aparcamientos, impactos por rayos o intrusiones no deseadas, donde entran en juego los sistemas de control, protección y vigilancia.
En cuanto a la seguridad frente al fuego, esta es una de las mayores amenazas en edificación, por encima incluso de los seísmos. La función del arquitecto es prever la propagación del incendio, la acumulación de humo y, sobre todo, garantizar la evacuación segura de los ocupantes mediante recorridos protegidos, sectorización y espacios libres de humo.
Los conductos verticales y las escaleras son puntos críticos en caso de incendio, por lo que deben diseñarse como escaleras protegidas. Aunque el uso de materiales incombustibles es recomendable, no constituye una garantía absoluta, ya que el propio uso del edificio introduce elementos inflamables.

El fuego compromete la estructura según el material:
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El acero pierde resistencia rápidamente y requiere protección específica.
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El hormigón armado resiste mejor, siempre que el recubrimiento proteja las armaduras.
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El ladrillo puede fallar a altas temperaturas.
Para minimizar los efectos de un incendio, es imprescindible una estrategia global que incluya: prevención del origen, detección temprana, extinción rápida, evacuación eficaz, sectorización del edificio e integridad de la estructura portante. Todas estas medidas dependen del tamaño, la altura y el uso del edificio.
En definitiva, la seguridad arquitectónica no es un añadido posterior: es una condición esencial del proyecto, donde cada decisión constructiva puede salvar o poner en riesgo vidas humanas.
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La seguridad también se diseña. Observa cómo un espacio cuida, o descuida, a quienes lo recorren
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¿Este edificio está pensado para todos los cuerpos y todas las capacidades?
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¿Qué riesgos aparecen en un recorrido cotidiano?
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¿Podría una pequeña decisión de diseño evitar una caída o un accidente?
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¿Cómo se comportaría este espacio en una evacuación real?
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¿Qué ocurre con el humo antes que con el fuego?
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¿Son visibles las salidas o están ocultas por el diseño?
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¿Qué materiales protegen y cuáles ponen en peligro?
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¿La arquitectura prioriza la estética o la seguridad del usuario?
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¿Estamos diseñando para el uso normal o para la emergencia?
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¿Puede un edificio cuidar de las personas cuando más lo necesitan?
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